Buenos Aires



¡¡¡Buenas Noches!!!

He vuelto luego del descanso más largo que creo haber tomado en esta plataforma. Han pasado, casi dos años desde la última vez que escribí en este blog (y probablemente desde que escribo desde este computador porque para todas lo demás uso mi teléfono o mi iPad) y la verdad es que el volver se siente muy natural, muy fluido, muy orgánico.

¿Qué pasó? La vida, simplemente. Un trabajo que consume muchas horas y el tiempo libre que tengo (y que es bastante) lo malgasto procrastinando. Yo le puse el "pro" a procrastinar 😉.

Entonces ustedes quizás se preguntarán, ¿qué he hecho durante estos dos años? Pues nada muy diferente a lo que hacía hace dos años. Pero algo interesante que sí hice en octubre del año pasado, fue viajar. Hice mi primera incursión al extranjero, y aunque no viajé muy lejos, para ser el primero (y en octubre de este año se viene otro un poquito más lejano *cof 💂🇬🇧 cof*), fue una experiencia digna de realizar, ya que pude reunirme con una querida amiga, conocer a su familia, conocer una cultura que en muchas cosas no difiere mucho a la mía, aunque en otras somos muy diferentes, conocer lugares, aromas, sabores, colores y hasta un acento diferente para mí. En octubre de 2016 tomé mis maletas y me fui allende Los Andes a pasar 12 días a Buenos Aires.





¿Y a qué me dedique mientras estuve en la ciudad de la furia?

Comí. Mucho. No les puedo decir con cuantos kilos extra volví porque las pesas y yo estamos peleadas desde hace treinta años, pero entre tanta pizza, milanesa, choripán de cancha, patys en El Rosedal, cervezas, medialunas y chipás, debo haber regresado con mínimo, mínimo cinco kilos más.

Compré libros. Muchos libros. Gasté casi todo mi presupuesto en literatura. Y si es que te gusta leer no puedes dejar de visitar todas las ofertas que te tiene la capital mundial de las librerías. 25 por cada 100.000 habitantes (y no, en Buenos Aires no existe el absurdo 19% de impuesto al libro, como lo existe en estos pagos).



Caminé, bastante. La mejor manera de recorrer una ciudad, cualquiera que esta sea, es caminando. Claro que se puede tomar un tour, si eso es lo que te gusta, pero si eres una persona joven y con (algo de) vitalidad, la mejor manera de conocer una ciudad es caminándola, conociendo los rinconcitos más recónditos, aquellos que los guías turísticos no te hablaran, porque existen posibilidades de que no los conozcan. Además, si comes tanto como lo hice yo, ayuda mucho a mantener un equilibrio y no tener que pagar un sobre cargo en el vuelo de regreso.

Reí. Me reí a carcajadas. Cuando lo estás pasando bien, cuando estás con buena compañía, rica comida, interesante conversación, se nota. Se nota en tu piel. Y sentí que volví con una piel renovada. Boté un montón de malas energías riéndome, conversando, pasando un buen rato.

Miré. Miré mucho a la gente que me rodeaba, en el subte, en el bondi, en la calle, en las librerías, pizzerías. Me gusta como los argentinos, o los bonaerenses interactúan entre ellos, como se dicen las cosas. Lo vehementes que son en su actuar.

Durante estos días iré subiendo más posts respecto a los lugares donde comí, compré, visité, me reí, pasé un buen rato. Y prometo solemnemente, no volver a desaparecer por tanto tiempo, sin explicaciones.- 

Comments

Popular Posts